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Reconociendo los límites de tu poder personal

Volvía  antes de ayer de Santander a A Coruña, después de haber compartido en Astillero (Cantabria) un taller sobre inteligencia emocional y poder personal. Un taller corto, pero intenso. Normalmente me gusta, después de realizar cualquier taller, hacer un pequeño repaso de la experiencia, con el fin de aprender algo nuevo de ella. Esto me permite encontrar por un lado, oportunidades de mejora de cara a la realización de próximos talleres, así como oportunidades de refuerzo de lo que sí ha funcionado. Así que, me hayaba yo disfrutando de este momento de aprendizaje, cuando dos ideas resonaron con fuerza en mi interior. Estas ideas tenían que ver con las oportunidades que nos ofrece constantemente la vida para reconocer nuestros límites, y así poder conducir nuestros esfuerzos de transformación, evolución y mejora, en la dirección adecuada. Y es que avanzar hacia la mejor versión de nosotros mismos, cada día, a cada momento, es una necesidad que si nos resignamos a satisfacer, tengo la impresión de que se cobra un alto precio. Y ese precio no es otro que “nuestra felicidad”. Una emoción que nos regala la vida cuando actuamos de forma coherente con ella, con lo que nos muestra, con lo que nos pide, con lo que nos entrega.

La gestión adecuada de este sútil equilibrio entre la seguridad y la superación de límites enfrentándonos a la incertidumbre que genera abandonar nuestra zona de confort, es al menos para mí,  todo un arte. Mirando al ser humano, desde una perspectiva evolutiva, me doy cuenta de que nuestra supervivencia ha dependido en gran medida, de nuestra capacidad  para adapatarnos cada vez mejor,  a un entorno en constante cambio. De hecho la necesidad de mejorar constantemente nuestra capacidad de adaptación, nos ha llevado (como dice Eduardo Punset en una de sus obras) a pagar un ¿alto precio? por sobrevivir a nivel colectivo. El precio es “la inmortalidad”. Morir relativamente pronto, para dejar paso a otros miembros de nuestra especie más preparados, nos ha permitido mutar y cambiar a una velocidad mayor que la de los virus con los que convivimos y que al igual que nosotros, se encuentran absolutamente “motivados” por llegar los primeros, en la carrera de fondo por la superviviencia. Si no muriéramos, si no dejáramos espacio para las nuevas generaciones de nuestra especia, más fuertes, resistentes y adaptadas, correríamos el riesgo de que los virus mutaran más rápido que nosotros y con ello nuestra supervivencia como especie se vería terriblemente amenazada. Incluso esa necesidad de cambiar e intercambiar material genético con el obejtivo de mejorar con cada generación la capacidad de adaptación y supervivencia humanas, han llevado a la naturaleza de nuestra especia a “castigar” la endogamia, ya que compartir material genético entre miembros de la misma rama evolutiva (es decir entre familiares) reduce la cantidad de información genética complementaria que hace de nuestros hijos, individuos más capaces de adaptarse al entorno en el que nacen, de lo que lo hemos sido nosotros.

Desde esta reflexión precedente, yo me planteo: ¿qué consecuencias tiene para un individuo resignarse a mejorarse a si mismo en su vida? ¿No es ésto ir en contra de su propia naturaleza? ¿No tiene prevista esa naturaleza algún tipo de castigo, probablemente emocional, para aquellos que ilusioriamente creen que elegir el “egoísmo genético” de no hacer nada por contribuir con su propio esfuerzo de mejora a la mejora y supervivencia de su especie, es su mejor opción y su derecho? ¿No estaríamos en este caso ante una ilusión creada por “el ego”, que atenta contra los principios de supervivencia naturales? ¿Y no debe ser ésto castigado, con una terrible carga que al ir aumentando progresivamente, actúe como “movilizador vital” para que el individuo salga de ese trampa autocreada a través del autoengaño?

Para mi, la respuesta es clara, muy, muy clara.

De ahí surge mi inquietud por estar atento, despierto y deseoso de darme cuenta a través de mis experiencias emocionales, de dónde en cada momento se encuentran mis límites y así poder poner lo mejor de mi mismo para ser capaz de superarlos. Así que cuando me sorprendí a mi mismo, sintiéndome incómodo el primer día de introducción (un par de horas) al taller que antes mencionaba, simplemente porque la sala no parecía idónea para el trabajo que íbamos a realizar y porque estaba preocupado por si nos daría tiempo a ver todo lo que tenía previsto trabajar en “tiempo record”, una reflexión vino a mi mente.

1º La incomodidad no me la genera la sala. El sentimiento de incomodidad lo creo yo con mi interpretación de este espacio y el diálogo interno que me autoaplico.

2ºUtilizando las palabras de San Agustín: “Señor, dame valor para cambiar las cosas que puedo cambiar, la serenidad para aceptar las que no puedo cambiar y la sabiduría para reconocer la diferencia”. En este caso la sala, era la que era y el tiempo disponible también era el que era. Como mucho podría tal vez reorganizar la sala dentro de sus posibilidades para que así, se acomodara lo máximo posible a su mejor versión para el trabajo que íbamos a realizar. Y con respecto al tiempo, realizar un esfuerzo consciente por manejarlo con la máxima eficacia, no sin antes aceptar, que en mi opinión, es más importante estar abierto y perceptivo a las necesidades que va manisfestando el grupo, para saber donde necesita más o menos, que centrarse en la  propia necesidad personal de cumplir escrupulósamente un programa, cerrando así la capacidad para leer y adaptarse a lo que el grupo demanda en mayor medida. 

3º Ese sentimiento de incomodidad me estaba revelando un “límite de mi poder personal”. El límite de control consciente que en ese momento poseía sobre mi capacidad de adaptación y flexibilidad, para con independencia del entorno al que me estaba enfrentando, poder poner en él y para ello, dentro de mi, un sentimiento de comodidad, confianza  e ilusión. Ingredientes que sin duda incrementarían mis posibilidades de realizar un exitoso curso, en el que cada una de las personas participantes pudieran llevarse algo interesante, y sentirse motivados para trabajar sobre sus emociones y su poder personal. La incomodidad por contra, sólo alimentaría mi inseguridad y mi insatisfacción, reduciendo cada vez más mi capacidad para transmitir, comunicar, estimular y leer las necesidades del grupo con el fin de darles una adecuada respuesta. En definitva si no supero ese límite, estoy contribuyendo a crear aquello que no quiero, que el curso sea un fracaso. Si llegara a darse este caso, podría justificarlo de mil maneras, empezando por el hecho de que el aula no se ajustaba a nuestras necesidades. Pero la realidad, al menos para mi, es que la verdadero razón de ese fracaso, estaría en mi. En mi incapacidad para darme cuenta, del límite que con relación a mi mismo la situación me estaba presentando. En mi incapacidad para tomar ese circunstancia y ese sentimiento, como una oportunidad para darme cuenta y hacer el esfuerzo consciente por desarrollar en mayor medida mi poder personal en relación con mi flexibilidad. El poder de elegir mi respuesta emocional ante el entorno, creando con ello en mi, una bonita oportunidad para poner ante esa situación lo mejor que llevo dentro, e incrementar así mis posibilidades de éxito en lugar de alimentar las de fracaso.

Y el esfuerzo por dar ese paso, atravesar mis propios límites, reclamar y utilizar mi poder personal…dió sus frutos.

Por eso desde aquí te invito a reflexionar un momento sobre todas y cada una de las situaciones y personas que la vida te pone delante. Cuando consigues sentirte bien y entregarles lo mejor que llevas dentro, con independencia de la situación, te respetas a ti mismo, eres coherente con tus valores y tu lógica interna, y en consecuencia “te sientes bien”.

Pero cuando la vida te regala una y mil oportunidades de reconocer y trascender tus propios límites en el camino hacia el “altruismo genético”y con ella hacia la felicidad, y tú decides tomarlos como amenazas, luchando, huyendo o resignándote, en lugar de como oportunidades para conocerte mejor y enfocarte en tu propio desarrollo, superación y satisfacción personal por ser coherente y mejor cada día de tu vida… La vida te las volverá a poner delante una, otra y otra vez, con más y más insistencia, con más y más fuerza, única y exclusivamente para ayudarte a que te des cuenta y puedas avanzar hacia la siguiente estación de tu travesía…La travesía hacia ser lo mejor que puedes y mereces ser y con ello contribuir con tu vida a que este mundo y esta especie a la que perteneces, pueda no sólo tener más posibilidades de sobrevivir  sino de en definitiva,  mejorar su capacidad de adaptación, y ser MÁS Y MÁS FELIZ … MÁS Y MÁS FELICES…

Bonito propósito para cualquier vida…un propósito que depende de TI…

4 comentarios
  1. Bonita reflexión hermano, no dejas de sorprenderme día tras día. Es un placer el poder sacar lo mejor de ti mismo en situaciones incómodas que te proporciona la vida. En estas situaciones no hay que ser reactivo, hay que ser proactivo. Verlas como oportunidades para superarte a ti mismo y así hacerte más fuerte cada vez que aparecen en tu vida este tipo de dificultades. Llegará un momento en el que estarás tan acostumbrado a afrontar estas dificultades que lo harás de forma inconsciente sin tener que rebanarte los sesos. Ya sabes de mis antiguas proyecciones, siempre malas y pesimistas. Hoy son todo lo contrario, con un tal vez… por delante se soluciona todo. Yo soy el único dueño de mi felicidad y gracias a Dios no dependo de nadie para ser feliz. Soy amor, es lo único que sé, y me encanta compartirlo de manera incondicional. Sé que la vida todavía nos deparará estupendas y maravillosas sorpresas, y doy gracias a Dios porque las compartiré con uno de los mejores regalos que me entregó la vida, tú. Que Dios te bendiga.
    Te quiero

    • Gracias por ser… y gracias por estar… siempre cerca…hermano

  2. Leandro,
    Gracias por ayudar a reflexionar desde tu experiencia. Tu experiencia y el hecho de compartirla transmiten valentía y humildad. Dos cualidades que, combinadas, creo que pueden ser un punto punto de partida muy potente para el proceso de mejora personal. Tienes el poder de transformar los pensamientos anquilosantes en posibilidades. Qué bien poder leerte!… Tus entradas son píldoras de refuerzo positivo para seguir AVANZANDO.
    Un abrazo.

  3. Hola Carmen,
    lo mismo siento yo con relación a tus comentarios y aportaciones… GRACIAS por compartirlos…
    Recibe mi deseo de que, cueste lo que cueste, no dejes de sonreírle a la vida… estoy convencido de que te lo devolverá con creces…
    Un abrazo

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