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La Alquimia para un liderazgo consciente

Artículo publicado en El Observatorio de Recursos Humanos, Marzo 2010.

El cambio, sea de la naturaleza que sea, tiene su química propia producto de la combinación de distintos elementos en proporciones determinadas. Aplicado al ámbito organizativo, la fórmula para la transformación de los estilos de dirección “tradicionales” en liderazgos “co-responsables” tiene también su alquimia magistral. 
 

¿Alquimia?, ¡Qué raro me suena  eso!; ¿Qué estrategia “marketiniana” se esconderá detrás de tan extraño nombre? ¿Qué nuevo gurú tratará de venderme las ensalzadas bondades del “último grito”, “moda” o “tendencia de turno”, que sobre el papel parece ser “el no va más”, pero cuyos resultados como en tantas otras ocasiones, se diluyen lentamente en el camino?

Querido amigo/a, si algún pensamiento o sentimiento de este tipo ha comenzado a surcar tu mente o tu cuerpo, sencillamente “nos alegramos”, porque eso quiere decir que compartimos un profundo anhelo por mantener viva la llama de la esperanza. La esperanza de que cambiar, evolucionar, avanzar y desarrollarnos hacia una mejor, más equilibrada, feliz, y productiva versión de nosotros mismos, como personas y como directivos “tal vez” sea todavía posible.

Desde la inteligencia emocional -decimos en nuestras acciones formativas- que cualquier “asunto” que te haga sentir algo, lo que sea, muestra que dicho “asunto” tiene algo que ver contigo. Por ejemplo, si hoy mismo, caminando por la calle, escuchas que a alguien a quien no conoces, le han robado el coche, experimentarás un sentimiento que no tendrá ni punto de comparación con el que se manifestará en ti, si ese alguien se acerca y te dice: “creo que te han robado tu coche”. Por eso, “nos alegramos” que cualquier sentimiento, sea el que sea, se haya hecho presente en tí al leer este título, eso querrá decir que esconde algo relacionado contigo y por tanto esta reflexión, tal vez te sirva.

Quizás compartamos la sensación que a la hora de invertir en el desarrollo de habilidades personales y profesionales, encontramos en el mercado gran variedad de productos y servicios con diferentes niveles de impacto en el proceso de cambio de las personas que los reciben. Sin embargo nosotros creemos que frecuentemente “falta algo”. Algunos procesos producen sin duda mejores y más duraderos resultados que otros, pero sin embargo, cambiar al ser humano, es una tarea, no siempre fácil de lograr. Esto es debido a que todos tenemos hábitos mentales, emocionales y conductuales tan arraigados, que el  camino se hace duro, difícil y empinado.

¿Cuántos de nosotros no hemos iniciado con gran ilusión un proceso de cambio personal o profesional, que poco a poco en el día a día se ha ido minando sin miramientos?; ¿Cuántas dosis de esfuerzo hemos puesto en el camino, para en multitud de ocasiones, acabar rendidos ante nuestras resistencias conscientes o inconscientes?; ¿O qué precio hemos pagado a veces por conseguir un pequeño avance en dichos procesos de cambio?

Es habitual incluso que en ocasiones nos regocijemos con ínfimos logros para evitar enfrentarnos de verdad con las limitaciones actuales (intelectuales, emocionales o conductuales) que nos impiden conseguir logros mayores.  Alcanzar pequeños logros es positivo si se hace con consciencia, entendiendo que es bueno comenzar el camino, pero no tan bueno darlo por terminado, simplemente por no perseverar en lo que es nuestra mayor responsabilidad con nuestra vida, desarrollar nuestras capacidades para ser cada día mejores.
En todo proceso de desarrollo, que a fin de cuentas significa cambio, existe una dosis de estrés que gestionada de manera adecuada, puede darnos el impulso necesario para vencer la fuerza de gravedad de nuestros viejos e ineficaces hábitos. Pero todo esto no es posible sin un ingrediente absolutamente “mágico” por su capacidad alquímica. ¿Qué significa “alquimia”?. Según la Real Academia Española de la lengua, unos de sus significados y el que aquí tomaremos como referencia, es el de  “Transmutación maravillosa e increíble”. Suena bien, ¿verdad? Pero, ¿cuál es ese ingrediente mágico que posee la extraña, sugerente y “presunta” capacidad de activar y mantener ese proceso de transformación continua?: “La consciencia”.

¿Qué quiere decir “consciencia”?. Para explicarlo permítenos tomar de nuevo prestada ayuda en las definiciones de la R.A.E, donde encontramos lo siguiente: 1. f. Consciencia. 2. f. Conocimiento inmediato que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones. 3. f. Capacidad de los seres humanos de verse y reconocerse a sí mismos y de juzgar sobre esa visión y reconocimiento.

¿Recuerdas entonces la última vez que conseguiste cambiar algo en ti? ¿Qué fue lo que te empujó o te motivó a cambiar para desarrollarte y evolucionar hacia una versión mejorada y más satisfactoria de ti mismo? Estamos seguros que si lo piensas durante unos instantes encontrarás una respuesta muy parecida: “la consciencia” que continuar por ese camino sólo te traería insatisfacción, ineficacia, peores resultados…, o sea, “darte cuenta” que continuar por ese senda sólo te llevaría a fracasar personal o profesionalmente y con ello a “sufrir”.

Sin embargo, llegar a estas conclusiones por uno mismo no resulta fácil, sobre todo porque implica un profundo nivel de autoconocimiento o autoconciencia y una dosis –no menos importante- de auto-responsabilidad en lugar de victimismo, poco frecuente en nuestros días.

Nuestra especie humana se enfrenta actualmente a un entorno cada día más exigente en la medida en que nos empuja a cambiar, a desarrollarnos, a evolucionar a un ritmo absolutamente vertiginoso. Las consecuencias de ese ritmo las observamos en el alto coste que enfermedades como el estrés y la depresión arrojan a las empresas y organizaciones, provocando aniquilamiento del talento, ausencia de creatividad, merma de una productividad sostenida y una disminución del entusiasmo y del compromiso. Esto es así por incapacidad de las organizaciones para ofrecer un espacio en el que las personas “quieran estar, disfrutar, aprender y aportar”. Pero esto no es solo responsabilidad de las organizaciones, es sobre todo una responsabilidad del profesional consigo mismo, con su vida en los ámbitos personal primero y profesional, después.

A veces nos preguntamos, ¿Qué hemos conseguido con duplicar en los dos últimos siglos la esperanza de vida de cada ser humano?; ¿Estamos empleando ese tiempo en vivir mejor?; ¿Todos los avances conseguidos en la ciencia y la tecnología nos están ayudando a sufrir menos?; ¿Cuántos personas  sueñan con que mágicamente su vida cambie para empezar a estar bien o a ser feliz?; ¿Cuántas veces se espera a un golpe de suerte para salir de la celda en la que se está metido?.

Lamentamos decirte que estadísticamente, la probabilidad de que “la suerte” te regale esa llave para poder abrir la cerradura de tu celda, es muy, pero que muy pequeña. Y mientras escribimos este artículo sentimos tristeza. Y esa tristeza es el motor de nuestro espíritu de cambio, porque ella abre la puerta a la esperanza. La esperanza de contribuir a crear modelos organizacionales más ecológicos y responsables con el entorno natural y social; la esperanza de contribuir al desarrollo personal de los profesionales, en especial de aquellos que asumen posiciones de liderazgo; la esperanza de crear entornos de trabajo más humanos, en donde la coherencia, la colaboración, la comprensión y el espíritu de desarrollo individual y colectivo, formen parte de la cultura real; esperanza en definitiva de aumentar el nivel de consciencia de la humanidad para evitar la autodestrucción.

¿Es posible entonces cambiar el paradigma en el que vivimos que nos hace sentir prisioneros, por otro que nos haga sentir libremente responsables, entusiasmados, satisfechos, productivos, motivados y comprometidos con lo que hagamos y con quienes estamos?. Nosotros creemos que sí, creemos que es no solo posible, sino también necesario, porque a la vista de las circunstancias que nos rodean, cambiar y evolucionar es un proceso irrenunciable e imparable.  

Sólo necesitamos que aquellos a los que la vida, el destino o el propio esfuerzo nos ha regalado la oportunidad de liderar, lo hagamos empleando tres ingredientes fundamentales: “razón, corazón y consciencia”. Porque no es suficiente para hacer realidad el cambio, que cada uno de nosotros de forma individual asuma el reto de vivir una vida más centrada en estos tres principios, es necesario además, como lo ha sido a lo largo de la historia, líderes que inspiren, apoyen, gestionen e impulsen a crecer a los que dirigen, empleando el cambio y la transición como una herramienta para llevar a todos a un mejor lugar en el que se pueda “ser y estar”.

Líderes en los que su fortaleza, perseverancia, convicción, entusiasmo y compromiso, nos hagan creer que mejorar es posible y nos ayuden a lograrlo a través del ejemplo, del tiempo dedicado, del empleo de los conocimientos y  las herramientas que nos permitan crecer como personas y como profesionales. Líderes que para poder realizar este proceso necesitan no solo ser conscientes de sí mismos, de sus fortalezas, debilidades, creencias y emociones, sino también ser conscientes de las condiciones del entorno al que se enfrentan, de la misión de su organización, de las capacidades de sus equipos y del trabajo personal que requiere conciliar todo esto.  Líderes capaces no sólo de liderarse a sí mismos con la máxima destreza, sino también de alimentar las creencias y las emociones de sus equipos para conseguir –como dijo alguien alguna vez- que personas comunes y corrientes alcancen logros jamás sospechados ni por ellos mismos.  

Necesitamos líderes coherentes, capaces de transformar una visión propia en compartida, tocando “los corazones” de aquellos a los que lideran y siendo el máximo exponente del cambio que desean promover en los demás. Liberar el talento en las organizaciones, exige y exigirá cada día de una forma más evidente contar con líderes de vanguardia, que se atrevan a enfrentarse a sí mismos, que no teman conocerse, aceptarse, mostrarse a los demás con sus fortalezas y debilidades, para así poder conectar emocionalmente con los demás ellos. Líderes capaces de vencer sus propias limitaciones conscientes o inconscientes, para así servir de espejo y modelo de inspiración para sus organizaciones. Líderes que se comprendan a sí mismos, como base para comprender mejor a aquellos que dirigen. Líderes más humanos que sean merecedores de portar la llave que abre la cerradura que encierra todo el potencial y el talento del ser humano.  En resumen, líderes capaces de crear y estimular el ambiente más propicio para que las personas “quieran estar, participar, aportar y hacer de su trabajo un espacio de emocionante satisfacción y productividad”.

La inteligencia emocional de Goleman, apoyada en las herramientas que veremos a continuación,  nos provee de los ingredientes para que esa alquimia funcione:

El eneagrama, a través del cual es posible descubrirse a uno mismo, comprenderse, aceptarse y valorarse adecuadamente y redescubrir a las personas del entorno, encontrando nuevas y mejores maneras para relacionarse obteniendo lo mejor de cada una. De este modo se eleva de forma notable el nivel de consciencia sobre los hábitos mentales, emocionales y conductuales, arrojando luz especialmente sobre aquellos inconscientes o puntos ciegos que impiden el máximo desarrollo de las capacidades.

■ Las metodologías grupales y experienciales como, por ejemplo, las configuraciones sistémicas, con las que comprenderemos las leyes que gobiernan los sistemas (su organización y los equipos a los que pertenece) y aprenderemos a observar con objetividad las dinámicas de interrelación existentes. Entenderemos así los temores, resistencias, motivaciones, propias y ajenas y aprenderá a dirigir con la inteligencia emocional y la consciencia necesaria para comunicarse, inspirar, motivar y elevar el rendimiento, satisfacción y compromiso individual y colectivo.

La auditoría de valores de Richard Barret, que facilita la consciencia de los valores que guían nuestras decisiones, de su grado de alineación con los de la organización, del mapa de valores del equipo y de los pasos a dar para elevar el nivel de consciencia grupal, consiguiendo que las personas funcionen desde la confianza, sintiéndose corresponsables de los resultados y motivados para crear e innovar como un mecanismo de supervivencia y éxito.  

El coaching, con el que el líder se siente acompañado en la traslación de lo aprendido a su realidad cotidiana, superando miedos, inercia e incertidumbre y consiguiendo un cambio verdadero.

EL PUCHERO DE LA ALQUIMIA PARA UN LIDERAZGO CONSCIENTE
■ Descubrimiento de uno mismo, comprensión, aceptación y autovaloración para elevar el nivel de consciencia de nuestros hábitos mentales, emocionales y conductuales.■ Conocimiento de las leyes que gobiernan los sistemas (su organización y los equipos a los que pertenece) de las dinámicas de interrelación, para entender los temores, resistencias, motivaciones, propias y ajenas y aprender a dirigir con inteligencia emocional.■ Consciencia de los valores que guían nuestras decisiones, del grado de alineación con los valores de la organización, del mapa de valores que tiene nuestro equipo, para conseguir que las personas funcionen desde la confianza.  

 

María Julieta Balart y Leandro Fernández Macho,  

 Socia Directora  y Gerente de Ágama Consultoría y Aprendizaje

 

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